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17.º Domingo del Tiempo Ordinario

by Father Benny  |  07/26/2026  |  From the Clergy

Según el historiador judío del siglo I, Flavio Josefo, Salomón tenía solo 14 años cuando se convirtió en rey de Israel. En la primera lectura de hoy, Salomón confirma este hecho describiéndose a sí mismo como «un joven».

Admitió que no sabía en absoluto cómo actuar. Reconoció humildemente su incapacidad y falta de experiencia, haciéndose eco de lo que habían expresado grandes líderes de Israel como Moisés (cf. Números 27, 17) y David (cf. 1 Samuel 5, 2).

Salomón pidió «un corazón comprensivo», lo que literalmente significaba un «corazón que escucha». En la mayoría de las culturas del Cercano Oriente, incluida la de Israel, el corazón se consideraba el órgano de la comprensión y la sede del juicio moral. La capacidad de escuchar es fundamental para discernir la verdad en las palabras y acciones de una persona. Por ello, pidió un corazón que escuchara. Salomón sabía que el recto juicio era un atributo divino (cf. Deuteronomio 1, 17; Salmo 72, 1-2) y, en consecuencia, suplicó al Señor que le concediera esta capacidad. La humildad de Salomón le valió lo que deseaba: Dios le bendijo con una sabiduría y un entendimiento que ningún otro gobernante había poseído jamás. Además, recibió otros dones que no había pedido: riquezas, seguridad frente a sus enemigos y una larga vida.

La oración de Salomón debería inspirarnos a crecer en humildad. Cuando acudimos a Dios con humildad y entregamos nuestras vidas a su voluntad, Él nos concede generosamente dones más valiosos que la plata y el oro. Cuando somos soberbios y creemos saberlo todo, nadie puede ayudarnos; pero cuando admitimos humildemente nuestra pequeñez, Dios está a nuestro lado para guiarnos en el camino. Siguiendo el ejemplo del rey Salomón, reconozcamos humildemente nuestra necesidad de Dios y pidamos «corazones que escuchen».

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